El secreto de Rut
Hace unos días estaba meditando en el libro de Rut, ¡cuantos aprendizajes que ella nos ha dejado a través de su historia!
Pero la característica que más me ha llamado la atención es lo trabajadora y esforzada que ella era.
A pesar del dolor que ella sentía al haber perdido a su marido, de la posición que ella pasaría a tener al ser viuda, de haber quedado sin sustento alguno; ella dejó todo para acompañar a su suegra, ella pensó en el dolor de aquella madre que había perdido a sus dos hijos, y fue a una tierra desconocida y lejana para hacerle compañía y ayudarla, dejando de lado los sentimientos.
Rut, una madianita, fue a Israel, la tierra de su suegra, y allí, en lugar de quedar de brazos cruzados esperando que una solución apareciera o un rayo de luz las iluminara, ella salió y buscó trabajar de lo que fuera, pues ella estaba decidida a no regresar ante su suegra sin alimento para su mesa.
Rut fue a la plantación de un pariente de Noemí para recoger las gavillas de la siembra. Era tal el esfuerzo y labor de esta mujer que el jefe de la plantación en donde Rut iba a buscar las sobras, quedó admirado.
¡Preste atención joven soltera! Rut no llamó la atención de aquel hombre importante por su apariencia o sus lindas ropas, no fue una foto sensual que hizo que este hombre quedara interesado en ella, ni el hablar alto o cualquier otra cosa, Rut llamó la atención de Booz por lo esforzada y trabajadora que ella era.
¡Ella trabajaba todo el día y llegaba a su casa para servir a su suegra! Los que trabajaban en aquel campo quedaron admirados con Rut por ese su esfuerzo, tal es así que cuando Booz le pregunto a uno de ellos quien era esa muchacha, ellos le respondieron:
“En eso llegó Booz desde Belén y saludó a los segadores:
Pero la característica que más me ha llamado la atención es lo trabajadora y esforzada que ella era.
A pesar del dolor que ella sentía al haber perdido a su marido, de la posición que ella pasaría a tener al ser viuda, de haber quedado sin sustento alguno; ella dejó todo para acompañar a su suegra, ella pensó en el dolor de aquella madre que había perdido a sus dos hijos, y fue a una tierra desconocida y lejana para hacerle compañía y ayudarla, dejando de lado los sentimientos.
Rut, una madianita, fue a Israel, la tierra de su suegra, y allí, en lugar de quedar de brazos cruzados esperando que una solución apareciera o un rayo de luz las iluminara, ella salió y buscó trabajar de lo que fuera, pues ella estaba decidida a no regresar ante su suegra sin alimento para su mesa.
Rut fue a la plantación de un pariente de Noemí para recoger las gavillas de la siembra. Era tal el esfuerzo y labor de esta mujer que el jefe de la plantación en donde Rut iba a buscar las sobras, quedó admirado.
¡Preste atención joven soltera! Rut no llamó la atención de aquel hombre importante por su apariencia o sus lindas ropas, no fue una foto sensual que hizo que este hombre quedara interesado en ella, ni el hablar alto o cualquier otra cosa, Rut llamó la atención de Booz por lo esforzada y trabajadora que ella era.
¡Ella trabajaba todo el día y llegaba a su casa para servir a su suegra! Los que trabajaban en aquel campo quedaron admirados con Rut por ese su esfuerzo, tal es así que cuando Booz le pregunto a uno de ellos quien era esa muchacha, ellos le respondieron:
“En eso llegó Booz desde Belén y saludó a los segadores:
―¡Que el Señor esté con ustedes!
―¡Que el Señor lo bendiga! —respondieron ellos.
―¿De quién es esa joven? —preguntó Booz al capataz de sus segadores.
―Es una joven moabita que volvió de la tierra de Moab con Noemí —le contestó el capataz—. Ella me rogó que la dejara recoger espigas de entre las gavillas, detrás de los segadores. No ha dejado de trabajar desde esta mañana que entró en el campo, hasta ahora que ha venido a descansar un rato en el cobertizo.”
Rut 2:4-7
Rut 2:4-7
El final de esta historia es maravilloso, Rut siendo extranjera, llegó a casarse con Booz y fue parte de la ascendencia de Jesús, fue la abuela de David. Dios eligió a ella, sin ser parte de Su pueblo, por aquella fidelidad y amor que tuvo para con Noemí, y ella se esforzó y trabajó duro para ayudarla. Rut hizo a Dios su único Señor.
No hay nada más que agregar, el ejemplo de Rut nos deja mucho para aprender. La próxima vez que usted ponga una excusa para ayudar en algo, o se deje llevar por la pereza, usted estará demostrando que el espíritu que llevo a Rut al Altar no está en usted.
Rut no conocía a Dios, ni tenía el Espíritu Santo, pero ese espíritu determinado y esforzado dentro de ella la llevaron a conocerLo y ser parte de la ascendencia del Señor Jesús, ella siguió a Noemi e hizo a Dios su Dios.



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